Café: ese “enemigo” de la diabetes.

Parece estar de moda intentar, mediante metaanálisis, aportar evidencia sobre el impacto poblacional de medidas dietéticas. Hace unos días traíamos sal e HTA.

Hoy traemos la relación inversa entre el consumo de café (descafeinado o no) o té con la aparición de la diabetes. Según un artículo de Archives of Internal Medicine cuatro tazas diarias de café suponen un descenso del 25% en la aparición de nuevos casos de diabetes que tomar dos tazas o menos (RR 0.76, 95% CI 0.69 to 0.82). Es un metaanáliss realizado por Huxley sobre 18 estudios prospectivos relizados entre 1966 and julio de 2009 contienen información relativa de 457,922 pacientes.

Al separar el efecto de la cafeína (al menos de forma exclusiva) se baraja la presencia de otros elementos: magnesio, catequina (flavonoide presente en el té) responsables de este supuesto efecto protector. Los propios autores reconocen las enormes limitaciones de su trabajo, por la más que probable influencia de factores de confusión no detectados.

La Sociedad Europea de Cardiología, en boca de su portavoz Lars Rydén, es muy prudente a la hora de valorar el trabajo que reconocen muy riguroso. Sí parece haberse roto la supuesta capacidad del café de predisponer a padecer enfermedades cardiovasculares (sobre lo no había ninguna evidencia disponible). El mensaje sería que la gente puede tomar café con seguridad. Su efecto protector no obstante es realmente modesto. Medidas como controles el peso o hacer ejercicio son sin duda más importantes.

Toda la vida quitando el café a la gente para evitar que su corazón se dispare y ahora resulta que nos puede ayudar a prevenir en cierta forma la diabetes. Bromas aparte me gusta destacar de estos estudios la valentía de realizarlos, sin fármaco de por medio, sin ni siquiera estar patrocinada por  Juan Valdés de “Cafe de Colombia”.

Aumentar el conocimiento es posible pero exige inversión pública o independiente. Este trabajo fue financiado en distinta medida por la Fundación Nacional del Corazón de Australia, the National Health and Medical Research Council of Australia y el Instituto Servier, Francia.

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